| Domingo de sensaciones |
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| Escrito por Mario Hernández | |
| Lunes, 18 de Abril de 2011 09:28 | |
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La jornada del Domingo de Ramos dejó en el ambiente las sensaciones propias de una jornada festiva en la que se destapa el tarro de las esencias cofrades tras más de un año de espera. Así, la jornada comenzó impaciente, con mucho calor y algo de preocupación por aquello de las tormentas que, por el bochorno, pudieran producirse como en la jornada del sábado. Así, mientras las túnicas de los pequeños nazarenos de la Cofradía Infantil y la de los pequeños y mayores de la cofradía de la Cena, esperaban impacientes en el lugar destacado de cada casa, la jornada avanzaba al tiempo que las calles comenzaban a poblarse de emeritenses y foráneos que, aprovechando la coyuntura, llenaban las terrazas del centro de la ciudad.
La ciudad fue desplazándose por momentos. En torno a las cuatro y media de la tarde, comenzaban a verse los primeros nazarenos dirigiéndose a la Parroquia de San José. Desde allí, a las 17.30 horas, comenzaba a andar, ¡vaya como andaba!, el paso de la Cena. Impresionante el Grupo Escultórico, totalmente terminado saliendo de su casa hermandad para buscar el centro de la ciudad. Tras el barco, la calma de la Virgen del Patrocinio. Sencillez, elegancia y una mezcla de tristeza y alegría por la ausencia (presencia para Ella y toda su familia) de Patro. Sin duda, el momento más emotivo de la tarde y que marcará a esta cofradía. La Virgen del Patrocinio, con pasito corto y portada por las mujeres de la Cofradía, ponía el contrapunto a una tarde majestuosa. Mientras todo esto ocurría, los nazarenos de la Infantil se dirigían a la Concatedral de Santa María. Enorme algarabía de chiquillos que esperaban impacientes la salida procesional del paso de la Burrita. Jornada de estreno para padres primerizos que, como sucede todos los años, entendieron que quienes hacen la penitencia son… ellos. La Cofradía Infantil plantaba su cruz de guía en la Plaza de España con puntualidad británica y, con mucha parsimonia, comenzaba a buscar las calles de su recorrido que le llevarían hasta un caluroso e interminable Paseo de Roma, ofreciendo una increíble estampa junto a la Loba Capitolina, Puente Romano y el lienzo de la Alcazaba. Así, aguantando los infantiles el insoportable calor bajo el terciopelo rojo de su cubre rostros, el barco de la cena ofrecía una impresionante “chicotá a paso corto” en la calle José Ramón Mélida. Un momento único aderezado con las fantásticas marchas de la Agrupación Musical “Sagradas Vestiduras” que, a la postre, estrenaban nuevo y “brillante” uniforme. Así las cosas, mientras Judas Iscariote hacía el gesto de abandonar la mesa de la Cena, la Virgen del Patrocinio llegó a la Puerta de la Villa bajando la imponente cuesta de José Ramón Mélida. El centro de Mérida, desde ese momento, estaba tomado por las cofradías. Mientras el misterio de la Cena lucía una indescriptible chicotá en la Puerta de Santa María, la Burrita se enmarcaba bajo el Arco de Trajano. Son… esos contrastes de Mérida en unas calles en las que no cabía un alfiler. Se dio, además, una extraña circunstancia, cosas de la Semana Santa… Mientras la Virgen del Patrocinio reviraba en Caja Badajoz, la Burrita hacía lo propio en Félix Valverde Lillo. Madre e hijo separados por tan solo cien metros escasos. Mientras la cena abandonaba la Plaza del Rastro para buscar su barrio, la Burrita llegaba con adelanto a la Plaza de España. Aún así, entró a su hora. Una última chicotá de los costaleros entró el paso en la Concatedral a los sones de la Banda de Cornetas y Tambores La Pasión que, ayer, comenzaban su interminable lista de actuaciones. Una vez dentro la Infantil, todavía había tiempo de disfrutar de la Cofradía de la Cena por su barrio, al que llegó cerca de la media noche y, antes de rozar el Lunes Santo, la Virgen del Patrocinio apagó su candelería dentro de su flamante casa hermandad. El Domingo de Ramos, sin duda, se vivió a lo grande. Será hoy cuando comiencen los problemas de cervicales de tanto mirar al cielo sospechando que las nubes, esas que llevan semanas sin aparecer por Mérida, quieran aguarnos nuestra Semana Santa. Lo mejor -La enorme chicotá del paso de la Cena en la calle José Ramón Mélida y el exquisito exorno floral de la Virgen del Patrocinio. -Las dos bandas de Mérida, cada una con su estilo. -Una vez más, la organización de la Cofradía Infantil a pesar de los pequeñines (que a veces entienden mejor que los mayores) y la organización de la Cofradía de la Cena, llevando la cofradía totalmente compactada. -La última chicotá de la Burrita… memorable Lo peor -Las Hermandades se gastan un dineral en bandas para que le toquen a los pasos. La Cofradía Infantil desaprovechó una marcha encadenada a la Marcha Real en la salida interpretada por la Pasión. Le quitó lustre a la salida. ¡Qué manía de arriar pasos cuando las bandas están tocando! -Lo mismo ocurrió con la llegada de la Virgen del Patrocinio a la Concatedral… la banda a golpe de tambor le quitó esplendor. Este es el caso contrario, ahí el director de la banda, que se supone experto en estos temas, debe saber cuales son los momentos “álgidos” de una cofradía, máxime cuando se trata de la llegada a Carrera Oficial y la presentación a la Concatedral. -La Concatedral, a la llegada de una hermandad, no puede permanecer con las puertas cerradas a cal y canto y la Cruz de Guía esperar a que a alguien se le ocurra abrirlas. Son pequeños detalles que hay que cuidar… Mario Hernández.
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| Última actualización el Lunes, 18 de Abril de 2011 11:29 |






