| Un Viernes Santo con estampas históricas e inolvidables |
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| Escrito por Mario Hernández | |||
| Sábado, 03 de Abril de 2010 17:48 | |||
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La jornada del Viernes Santo comenzaba en la madrugada con la procesión y posterior descendimiento del Santísimo Cristo del Calvario. Una de las Estaciones de penitencia más sobrecogedoras de nuestra Semana Santa y donde la hermandad del Calvario hace gala de su exquisita organización y saber estar en la calle. El silencio de la noche, solo roto por ladridos de perros en los alrededores de la ermita, volvió a convertir el descendimiento en un acto emocionante y sobrecogedor. Al mismo tiempo que invitaba a la reflexión en una noche, ya corta, que daba paso a la mañana radiante del Viernes Santo.
A las 11 de la mañana, quizás demasiado temprano, salía la cruz de guía de la Cofradía Ferroviaria a la calle para realizar su luminosa Estación de Penitencia con la Virgen de las Angustias y la de la Esperanza. Una estación de penitencia que ofrece estampas inigualables en la Semana Santa por la luminosidad del día, el colorido de las túnicas de los nazarenos y el recorrido, muy bien escogido. La subida en José Ramón Mélida y la llegada a la Plaza de España fueron, sin duda, dos de los momentos destacados. Asimismo, el hecho de que numeroso público esperara la recogida en Santa Eulalia, y eso que la Hermandad llegaba con un considerable retraso. Los dos pasos que fueron colocados uno al lado de otro en la Avenida de Extremadura, avanzaron a los sones de Encarnación Coronada para, una vez arriados, entrar en el atrio a los sones de marchas de La Pasión, entre ellas Amor Mío y Bendición. La Pasión tuvo que interpretar marchas a los dos pasos porque la Banda de Musica tuvo que marcharse ya que la cofradía entraba con retraso.
La Hermandad del Calvario volvió a ser ejemplo de organización y puntualidad y ofreció estampas muy bellas como la ya tradicional bajada de la calle Calvario y un elengantísimo encuentro entre los dos pasos, sin estridencias, en absoluto silencio. La estampa del regreso por la Plaza de Santa María, o la de Luis Chamizo fue impresionante por lo novedoso y por la separación exacta de los nazarenos. La llegada a Cristo Rey se convirtió en un emotivo y sencillo recibimiento a la Virgen de los Dolores que, a la hora prevista, llegaba a la Ermita, entrando en su interior. Destacó la gran afluencia de público en la entrada de la cofradía pese a la novedad. Una hora después, y sin palio, salió como Virgen de la Soledad, con muchísimo acompañamiento por las calles del barrio en un recorrido que, sin duda, fue eterno para sus costaleros después del recorrido anterior y sin apenas tiempo de reposición. La Soledad en el callejón de la Amargura solo tiene una palabra: impresionante.
LO MEJOR Los costaleros de la Esperanza y los de la Virgen de los Dolores hicieron un gran sacrificio. El recorrido de la procesión matinal, todo un acierto. La organización de ambas cofradías, fundamentalmente la del Calvario. El solo de Juanjo Pereira a la entrada de la Virgen de las Angustias. LO PEOR La colocación de la corporación municipal no era protocolaria, deben cerrar el cortejo tras el paso de los Dolores. El poco respeto del público en la entrada del Yacente, se rompia la solemnidad del momento. El público no respalda la procesión de madrugada, ni tan siquiera los que apelan y reivindican una "madrugá" en Mérida.
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| Última actualización el Lunes, 05 de Abril de 2010 07:45 |






Ya por la tarde, ambiente cofrade en la calle Calvario para la procesión del Santo Entierro. Los toques de la campana de la ermita anunciaban la salida del cortejo en el que todas las hermandades, con sus respectivos estandartes, acompañan al Cristo Yacente. Una Estación de Penitencia, además, histórica ya que la Virgen de los Dolores, elegantísima, salía por última vez de la Concatedral de Santa María y se recogía en el Calvario.
